Etiquetas

Mostrando entradas con la etiqueta Narraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Narraciones. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de mayo de 2017

LA LARGA ESPERA

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis


Susana esperaba, con su larga cabellera negra, a que los rayos cobrizos del astro rey se ocultaran tras las siluetas de las casas de la barriada.

Avanzadas las horas, un oscuro manto azul con unas pocas y titilantes incrustaciones diamantinas cubrió el firmamento. Un brillo espectral se colaba entre los barrotes de un mausoleo, semejante a una casa colonial, posándose en placas marmoleas apenas visibles por la maleza. Susana deambulaba entre los laberínticos pasadizos rodeados de lápidas, cruces y esculturas derruidas con plantas gramíneas que llegaban hasta su cintura. Con voz quejumbrosa se la podía escuchar: “¡Háblame, rompé el silencio! ¿No ves que me estoy muriendo?...  ¡Qué cosas que tiene el destino! Será mi camino sufrir y penar…”.

***
¾    ¡Hasta aquí los acompaño! ¾dijo Claudia mientras temblaba y miraba a uno y otro lado nerviosamente.
¾    ¡No seas tonta, peor es que te quedes sola en medio de la calle! ¾ le replicó Julián con tono burlón.
¾    ¡No te preocupes mi amor, yo te protejo! ¾finalizó un confiado Miguel rodeándola con su brazo.

En medio de una pared blanca se encontraba una puerta sin rejas, a través de la cual entraron los tres jóvenes iluminados por sus linternas de mano. Una suave y gélida brisa soplaba erizando los vellos de la piel. El silencio era tan profundo que podía escucharse con claridad cada paso y respiración de los jóvenes, en especial la agitada inhalación y exhalación de la chica.

¾    ¿Y si nos sale la Sayona? ¾preguntó Claudia mientras se aferraba a Miguel.
¾    Jajaja ¾soltó  Julián una gran carcajada¾ ¡No seas tonta mujer!, ¿en donde crees que estamos?, aquí no sale la Sayona.
¾    ¡No te burles de mí!, yo no sé nada de fantasmas ni ese tipo de cosas, pero no quiero ver nada de eso ¾dijo con voz llorosa Claudia mientras se aferraba con más fuerza a un Miguel que intentaba en vano contener la risa.

Julián se dedicó a tomar fotos a medida que iban caminando entre los mausoleos de concreto, de piedras graníticas, de mármoles negros, blancos y rojizos en los que podían leerse fechas que abarcaban cerca de un siglo. A unos cuantos cientos de metros una hilera de casas, algunas de ellas con luces encendidas, daban una extraña delimitación a aquel campo santo. “¿Qué se sentiría vivir al lado de un cementerio?” se preguntaba un tranquilo Miguel que parecía disfrutar su papel de protector de Claudia.

            De pronto, un canto quejumbroso rompió el silencio de la noche dejando petrificados a los tres jóvenes. A medida que este canto se les aproximaba se miraban unos a los otros sin pestañar ni poder emitir siquiera una palabra. La tensión se incrementó al punto que Miguel no aguantó más echando a correr.

¾    ¡Miguel, Miguel, no me dejes!  ¡Desgraciado cobarde! ¾Gritaba Claudia con vos desafinada, de rodillas en el suelo mientras por sus mejillas brotaban lágrimas sin parar y su cuerpo temblaba sin control.
¾    Jaja. ¡El muy gallina dejó el pelero! No te preocupes, que debe ser solo una bromista ¾dijo un Julián con voz entrecortada que apenas podía sostener la cámara y la linterna con sus manos temblorosas.

Frente a ellos una chica de túnica blanca y larga cabellera negra hizo su aparición. Perplejos, Claudia y Julián contemplaron la mirada vacía y los ojos negros, cual pozo sin fondo, en medio del rostro pálido y sin vida de aquella aparición. Las caras de ambos empalidecieron al tiempo que sus ojos abiertos de par en par contemplaban aquel espectáculo sin pestañear. Aquella mujer de túnica blanca abrió sus brazos como buscando un abrazo dirigiéndose a Julián justo antes de decir:

¾    ¡Mi amado, por cuánto tiempo te he esperado! ¡Ven conmigo! ¡Acompáñame en una nueva vida!

Inmediatamente se escucharon un par de gritos desgarradores y ambos jóvenes escaparon despavoridos de aquel lugar. La linterna de uno de ellos se cayó, posándose sobre una vieja lápida negruzca y descolorida, en la cual se podía leer la inscripción: “Susana Ortega 11-11-1936 al 23-05-1960”.

LA TERRORÍFICA ESPERA DE SUSANA

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis


Susana esperaba en cuclillas y con la cabeza encajada entre las piernas, el desenlace de aquel evento. Su cuerpo tenso temblaba sin control mientras que su voz trémula y entrecortada, cual niño que gime, repetía afanosamente: “El que habita al abrigo del Altísimo. Morará bajo la sombra del Omnipotente… Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará…”

Entre sus brazos mantenía aferrado, cual niña a su oso de peluche, un ramo de rosas blancas. En la loza de cemento ennegrecida por el tiempo bajo sus pies podía leerse: “Susana Guevara 12-03-1975 al 04-07-1997”. A su alrededor se erigía una ciudad fantasmal de mausoleos, cruces, esculturas y lápidas con sus colores marchitados.

Susana no cesaba en sus plegarias y mientras corrían las lágrimas por sus mejillas, se la podía ver estremecerse ante cada sonido retumbante. A solo metros de ella, el ruido de ráfagas centellantes se confundía con el de las motos y gritos en una cacofonía que hacía recordar escenas de guerra.

Y tan rápido como empezaron, cesaron los disparos, al tiempo que el sonido de las motos se alejaban. Los infortunados espectadores entre gritos, llantos y lamentos, se recomponían de aquella escena mientras un par de cuerpos fríos, yacían entre las lápidas grisáceas y el pavimento, con su sangre escurriéndose y filtrándose entre las tumbas.




EL MENTIROSO

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis


De manera intermitente, van resonando las fichas de dominó sobre la mesa de madera. Los malos chistes y las carcajadas de celebración acompañan las mentadas de madre de los perdedores. Una ronda, dos rondas, tres rondas…  se presentan en sucesión hasta decidir la suerte de los participantes.

¾    Esta vez estuvo cerca, si tan solo… ¾se escucha la voz de Luis, luego de perder por quinta vez consecutiva.

Regresando a su hogar, a solo metros de él, unos panas lo convidan a jugar truco. Luis, dubitativo, rechaza inicialmente la oferta. Pero luego de observar la insistencia de ellos y la botella de cacique, se desvanece su poca resistencia.

Entre gritos de truco, de retruco y algunos tragos se van esfumando los restos de la quincena. Tambaleante, llega a casa entrada la madrugada. A duras penas es capaz de abrir y cerrar la puerta. Sin quitarse la ropa se acuesta en su cama vacía, al igual que él hogar. Hacía meses que su esposa se había hartado de ese comportamiento abandonándolo. Aunque aquello no parecía afectarle. Luis se sentía libre al no tener a nadie que le reprochara sus borracheras y horas de llegada.

Lunes en la mañana. Observa en su celular la lista de llamadas perdidas y mensajes,  decidiendo ignorarlos. Somnoliento y con una gran resaca producida por el festivo fin de semana, se dirige a esperar el transporte de la siderúrgica. Al llegar, luego de saludar a sus compañeros se coloca su casco, guantes, lentes y tapa oídos. Comenzando así la rutina.

Como un robot programado coloca la punta de la bobina de metal en posición. La máquina, con precisión milimétrica, la desenrolla y corta en láminas estándar. Al llegar el descanso aprovecha para conseguir un periódico. Concentrándose en la sección que considera más importante, hace a un lado el resto del papel impreso.

¾    Nojoda, salió el 315 y jugué el 513 ¾se queja mientras escudriña las hojas grises¾. The King Black, llegó cuarto, estaba seguro que ganaría, bueno esta vez le apostaré a Rucio Moro que no puede perder.

Una llamada lo interrumpe. Luis observa el número y apaga el celular, dirigiéndose al comedor.  A pocos metros de él se detiene abruptamente. Dándose media vuelta y alejándose sigilosamente. Segundos después:
¾    ¡Hey Luis! ¿A dónde vas?, ¿cuando piensas pagarme lo que me debes? ¾Grita alguien con rabia. Mientras, un sujeto se le acerca en actitud poco amistosa.
¾    Hola, Kelvis, no te había visto ¾contesta Luis con una sonrisa nerviosa¾. Esta misma semana te pago, no te preocupes por eso.
¾    ¡Me tienes mareado con eso desde hace más de un mes! y ¿por qué No contestas el celular? ¾exclamó y preguntó Kelvis con una mirada que denotaba una ira contenida.
¾    No vale, tranquilo que esta misma semana te pago ¾respondió Luis en tono conciliador¾. No te he pagado porque cuando voy a buscarte con la plata no te consigo. Y vale lo que pasa con mi celular es que tiene problemas, no quiere recibir llamadas y cuando menos pienso se apaga.
¾    No sé cómo vas a hacer ¾dijo Kelvis señalando a Luis con el dedo índice¾, pero si este viernes no me pagas iré a tu casa y te sacaré a golpes para que me pagues.

A duras penas y tratando de ocultar su nerviosismo, Luis logró contener la rabia de su compañero asegurándole que no le debería más dinero.  Y quizás esta vez aquello fuese verdad. Pues dentro de sí decía: «Esta misma semana me pagarán el bono y saldré de toda deuda».

Días después una triste noticia se regó en la Siderúrgica. En medio del desconcierto los compañeros de Luis dijeron: “con el bono no será suficiente, hagamos una vaca entre todos”. Aquellos hombres movidos por la compasión se dirigieron a la casa del infortunado.

Al Llegar tocaron la puerta. Les abrió una mujer de unos sesenta años.
¾    Disculpe, ¿esta es la casa de la familia Perdomo?
¾    Si, ¿Qué desean? ¾preguntó.
¾    Somos compañeros de trabajo de Luis y venimos a darle el pésame por la muerte de su madre.
¾    ¿Cómo?, ¡Ave María purísima, yo soy Cecilia la madre de Luis! ¾dijo espantada mientras se persignaba tres veces.
¾    Disculpe, señora, Luis nos dijo que había fallecido ¾dijo apenado uno de ellos a modo de disculpa, mientras el resto se miraban atónitos unos a los otros.
¡Ese desgraciado no aprende! ¾dijo ella empuñando su mano derecha y apretando los dientes¾. ¡Esta es la segunda vez que me mata!

LA SELVA DE CONCRETO

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis


Un rugido escalofriante acompañado de un golpe seco y crujidos como de ramas rompiéndose atravesaron las calles. Finalmente, el ambiente grisáceo fue teñido por un charco rojo.
***
En perfecto orden matricial se yerguen imponentes los árboles de concreto con sus ramas desnudas. Aquella densa y tétrica selva monocromática exhala el oxígeno vital que purifica el neblinoso y enrarecido aire. A su entrada, en una roca yace la huella rectangular de una placa inexistente. Y bajo ella, el altorrelieve de una tupida selva llena de vida. En ese lugar desprovisto de los colores y sonidos naturales de otros tiempos, ahora reinaba el incesante golpeteo y rechinar de las máquinas.

Un silbido agudo retumbó a través de las paredes tubulares, esparciéndose en todas direcciones. Inmediatamente se abrió una puerta en la base de cada árbol. De ellas salieron hombres con sus mascarillas, cuales aguas que se esparraman al ser abiertas las compuertas de una represa. Largas hileras de autobuses se estacionaron dejando salir sus propias  cargas humanas. Sólo para poco después recibir otras nuevas.

Brixon contempla la desolación circundante a través de la ventana mientras se aleja de la imponente selva gris. En la dirección contraria las siluetas de edificios se van acercando. Hasta que comienzan a atravesar las vías iluminadas por algunos faros dispersos y por torres de metal semejantes a hongos gigantes coronados por enérgicos rayos.

Una y otra vez el autobús se detiene dejando a sus pasajeros hasta llegar el turno de Brixon. Al bajarse contempla la colina con sus zigzagueantes calles y recubierta por casas de diversas formas, tamaños y tonalidades de grises. Antes de proseguir revisa en su bolso. La expresión en su rostro da cuenta de su molestia.

En esa misma mañana antes de ir a trabajar Brixon se abría paso entre el tumulto de gente. La cacofonía de gritos de comerciantes y compradores dificultaba la comunicación. A duras penas podía negociar con el vendedor de masa. Por un momento pensó en quitarse la mascarilla para hacerse entender mejor, pero la atmósfera nauseabunda le hizo cambiar de parecer.

El vendedor fue tajante y su máscara matizaba con mayor oscuridad el tono de su voz. “Son veinte monedas de plata por las dos bolsas o no llevas nada”. Brixon sabía que el precio debería ser de solo dos monedas por ambas, pero no tenía más oportunidad para llevar algo de comida a su hogar por lo que aceptó a regañadientes.

Ahora él contemplaba su bolso vacío y las cinco monedas salvadas por llevarlas siempre consigo. Respiró con resignación continuando su travesía a través de las laberínticas y desoladas calles. Ninguna voz humana ni sonido animal perturbaban el silencio de aquella noche. Brixon caminaba con rapidez observando nerviosamente sus alrededores. Era como si quisiera llegar a su destino lo antes posible previniendo la aparición de algo maligno.

De entre la bruma de la noche una sombra pasó a su lado. Él se estremeció, cambiando de camino. En los segundos siguientes pensó que era su imaginación, prosiguiendo con mayor calma. Sólo un par de pasos después quedó petrificado ante un ente humanoide de dos metros de alto. Sus ojos rojos y su rostro deforme desprendían ira, de su boca brotaban dientes puntiagudos, su cuerpo era fornido y sus manos estaban provistas de grandes garras. Aquel ser con una poderosa voz le dijo: “Plata, dame toda tu plata”. Con las manos temblorosas Brixon le dio las cinco monedas. Aquel homínido las devoró enseguida. “Mas, dame mas”. La voz quebrantada de Brixon pronunció sus últimas palabras. “Lo siento, no tengo más”.

sábado, 25 de febrero de 2017

MEMORIAS OLVIDADAS

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis



Un disco de acetato gira en un viejo tocadiscos reproduciendo un tango de Carlos Gardel. Junto a él, una anciana sentada en un sillón teje una manta como regalo para Albertico el menor de sus doce nietos. Rosita, madre de Alberto, tercera de sus hijas y quinta de sus siete hijos, le había prometido llevarlo la mañana siguiente.

Para la señora Sara, tejer es un arte que practica con pasión y, en ningún momento duda en obsequiar sus obras delicadamente elaboradas a todo aquel que la visite. A medida que va dándole forma a la manta de su nietecito observa cómo el rollo de hilo va desvaneciéndose. Ella se levanta con cuidado y al ritmo que permiten sus avanzados años va caminando y sube la escalera en dirección a su habitación.

Dentro de su cuarto abre el viejo armario buscando el material necesario para seguir trabajando.  Con sus temblorosas y arrugadas manos toma la caja de metal donde guarda sus hilos  y agujas. Entonces escucha un chillido y al voltear ve un pequeño roedor. Exaltada deja caer la caja desparramando su contenido en el suelo. El pequeño ratón aprovecha para salir del armario y huir despavorido.

Con cierta dificultad, la señora se agacha a recoger hilos y agujas. Mientras termina de hacerlo, observa las cajas de su difunto esposo que nunca quiso botar ni regalar. Una a una las va sacando, hurgando en sus contenidos que la llenan de tantos recuerdos  y en el lugar más recóndito, descubre un compartimiento secreto. Al abrirlo encuentra un maletín naranja. Dentro de él antiguos papeles de su difunto marido.

La señora no puede evitar recordar aquellos versos y cartas de amor que su señor le dedicaba en su juventud. Su sonrisa de niño, su actitud siempre jovial  y sus manos fuertes para el trabajo, pero delicadas al momento de brindarle caricias. Al señor Ricardo hacía solo tres años que le habían detectado un tumor maligno del tamaño de un puño. Para ese momento no había nada que hacer. Sólo un par de meses después él partió dejando a la pobre Sara viuda y solitaria en aquella enorme casa.

Junto a los innumerables papeles se encontraba un pequeño frasco transparente. Dentro de él un hermoso talismán dorado con una piedra azul en el centro. Ella la destapó y sacó. No recordaba haberlo visto pero sentía en él, algo inquietante que no podía describir. Al darle vuelta ve una inscripción: “La Alianza”. Debajo de la misma un curioso símbolo que estaba segura haber visto hacía muchos años en el tiempo cuando apenas conocía a Ricardo. Aquel hombre galante y misterioso ocultaba tantos secretos. Muchos de los cuales se había llevado finalmente a la tumba.

domingo, 12 de febrero de 2017

El Grito

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis






Se giró al escuchar el grito. Era un terrible sonido que penetraba hasta los huesos, produciendo un gran escalofrío que recorría todo el cuerpo. Escalofrío que era incrementado por la gélida brisa marina.

Un hombre observaba intrigado a la mujer que había gritado. El rostro de la mujer estaba (blanco) como la nieve fresca de invierno. Petrificada, tenía la mirada perdida en algún punto en el otro extremo de aquel viejo muelle.

En el mismo muelle, a unos cuantos metros de distancia podía observar toda la escena sin necesidad de moverme. En mis oídos retumbaba cada latido de mi corazón. Extrañamente todo me parecía irreal. Como si el tiempo se hubiese dilatado de tal forma que si una moneda hubiese caído desde la cintura de aquel hombre, habría podido detallar cada giro en el aire.

Entonces, fui consumido por el mayor de los espantos. Era consciente de lo que el hombre ignoraba y que había provocado semejante reacción en la mujer. En el extremo contrario del muelle se encontraba lo que ella contemplaba pasmosamente.

Una sombría e indefinible figura que parecía erguirse recostada de las barandas de madera. La amorfa y oscura aparición contrastaba con el colorido cielo crepuscular y los rayos de sol reflejados en el sereno mar azul detrás de ella. Durante uno o dos segundos, que me parecieron una eternidad, el tiempo pareció congelarse. Y antes de que aquel hombre o cualquiera pudiese reaccionar, fui testigo del hecho más abominable e inexplicable que ojo humano alguno hubiese podido presenciar.

Aquella cosa indefinible se abalanzó en fracciones de segundos sobre el hombre, devorándoselo. Sin que éste hubiese podido darse cuenta de lo sucedido. Casi inmediatamente después, hizo lo propio con la mujer.

Yo estaba petrificado sin saber qué hacer. Habría querido correr, pero, ¿a dónde?, me encontraba arrinconado entre un extremo del muelle y aquella cosa. Pensé por un instante en saltar hacia aquellas aguas, con la esperanza de poder nadar hasta la costa.

Sin embargo, antes de que pudiese mover músculo alguno, aquel ente monstruoso se giró hacia mí y del insondable abismo que éste embargaba brotaron dos brillantes círculos rojos incandescentes. Me observaron fijamente en lo que sentí una eternidad, pero que quizás no fuese más de un segundo.

Mi cuerpo temblaba y mi aliento se desvaneció. Entonces esa cosa se abalanzo sobre mí, abriendo unas enormes fauces que llevaban tras de sí las mas incomprensibles tinieblas que haya podido observar. Finalmente… Me desperté.


O al menos eso creí…



sábado, 10 de diciembre de 2016

Historia del mono que quiso ser profesor (final alternativo)

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis

Nubes grises cubrieron todo el firmamento hasta que el día fue tragado por una inmensa oscuridad. El retumbar de los truenos hacia que los corazones palpitasen con violencia. Con horror observo como una rojiza lluvia empezó a descender desde lo alto. Luego, se escucharon profundos lamentos que erizan hasta el último de los cabellos. Finalmente… Todo fue caos… Un caos indescriptible…

Aurelio despertó exaltado. Kinkon y Peggy aun seguían dormidos, por lo que respiró profundamente y se acostó de nuevo. Aunque no podía volver a conciliar el sueño.

El cantar de las aves anuncia un nuevo amanecer, mientras una suave brisa se cuela a través de la ventana. Aurelio se da media vuelta arropándose mientras tirita por el frio vespertino. Seguidamente, una dulce y conocida voz se escucha a través del pasillo.

¾    Aurelio ven a comer, el desayuno está servido.
Lentamente Aurelio se incorpora. Apenas pudo conciliar un par de horas de sueño por lo que tardó un tiempo en reaccionar.

Un inquieto pequeño y su amada Peggy están esperándolo en el comedor. Mientras en el centro de la mesa cambures, mangos  y otras frutas junto con un plato servido de sopa de verduras esperan por el desayuno familiar. Peggy nota algo extraño en Aurelio pero este decide no contarle nada de su sueño. Sin embargo es Peggy la que le dice:

¾    Ayer escuche una voz que me decía que debíamos volver a la selva con nuestras familias. Era una voz muy cálida, aunque se escuchaba preocupada… (Peggy hace una pausa) Como si tratase de advertirme de algo.

Aurelio no quiso hacer ningún comentario al respecto. Solo quería despejar su mente, pensar en su familia y disfrutar lo más relajado posible de aquel fin de semana. Sin embargo, eso no fue del todo posible. Los sueños tanto de Aurelio como de Peggy se hicieron recurrentes. Ella insistía en que debían escuchar aquella voz y volver a la selva. Pero el argumentaba que se habían esforzado demasiado en obtener todo lo que habían logrado y no iban a dejarlo todo, solo por una voz desconocida. Fue entonces cuando llego la noticia…

Desde el rincón más profundo de la exuberante selva amazónica venezolana, en aquella tierra lejana de ensueños que había visto nacer a Aurelio; un familiar se había tomado la molestia de venir con noticias nada alentadoras. Su madre se encontraba en un grave estado de salud y quería verlo. Además en su tierra habían entendido la importancia de la educación y querían pedirle que regresara para enseñar el buen camino a los jóvenes del lugar. Aurelio no lo pensó dos veces. Alisto todo lo que tenia y se fue con su familia de regreso a su antiguo hogar.

Durante el viaje de retorno a su antiguo hogar Aurelio escucho una y otra vez una voz cálida que lo hacía sentir mejor. Solo escucha mi voz, tu madre estará bien. Aurelio y su familia fueron muy bien recibidos. Desde su llegada a la comunidad Aurelio se dedicó a cuidar de su madre, su familia y a inculcar en los jóvenes de la comunidad valores y principios morales.

Nuevos vientos de cambios soplaban en aquel rincón selvático. Se sentía como una luz divina descendía desde lo alto. Una luz que se había incrementado con la llegada de Aurelio, pero que había aparecido desde antes. Justo en el momento en que varios miembros de la comunidad comenzaron a sentir y escuchar una presencia divina que los guiaba.

Ni Aurelio ni ninguno de sus familiares eran muy creyentes. Pero desde aquellos momentos un sentimiento de paz y de cobijo los embargo. Tal como si enormes alas protectoras los acobijaran. Aurelio, su familia y el resto de la comunidad  oraron fervientemente por el bien de su madre hasta que finalmente su enfermedad se fue por completo. Aquellos momentos fueron de júbilos. Seguidos por una gran fiesta de agradecimiento por su curación. Aurelio quiso retornar a su hogar con su familia pero la comunidad insistió en que se quedase más tiempo. No mucho después llegaría a la comunidad nuevas y sorprendentes noticias.

El avión presidencial donde viajaba el primer mandatario y toda la plana mayor se había estrellado en el océano atlántico en un viaja al continente europeo. No había sobrevivientes.  Además el vicepresidente y otros altos funcionarios del gobierno habían enfermado repentinamente de una nueva y extraña enfermedad que había aparecido en el país y se estaba extendiendo rápidamente. Aquel lugar en el que se encontraban era uno de los pocos alejados que no habían sido alcanzados por aquella plaga.

Por varios meses el  caos la anarquía y el desconcierto reino en el país. Durante ese tiempo Aurelio se mantuvo junto con su familia preocupado por su país y por aquellos conocidos con los que no había podido comunicarse. Aquella voz que los había guiado hasta aquel lugar y que los había ayudado tanto, ahora  les pedía fe, paciencia y calma. Largas fueron las horas, días y meses de plegarias y oraciones en pro del país hasta una luz comenzó a aparecer en el horizonte.

Un nuevo gobierno se instauro en el poder. Uno totalmente ajeno a las políticas anteriores con una visión muy clara de lo que se necesitaba hacer. Casi a la par un grupo de científicos Venezolanos de manera milagrosa consiguieron crear una vacuna contra aquella pandemia que había resultado tan devastadora. La ayuda para la producción y distribución de la misma llego de diversas partes del mundo y en menos de un año aquella plaga había sido exterminada.

Ahora nuevas noticias alentadoras llegaban desde la capital el nuevo ministro de educación había sido uno de los profesores más queridos por Aurelio y sus compañeros. Ahora él con el fin de rescatar la educación en Venezuela, estaba en búsqueda de sus mejores y más brillantes estudiantes. Aquellos que tuviesen el perfil y la vocación de servicio más idóneo para enfrentar tamaño desafío.


Después de todo el tiempo de zozobra por no saber de sus compañeros. Ahora se reunía con ellos para modificar, dirigir y sentar las bases de un nuevo sistema educativo basado en la excelencia donde los niveles de exigencias fueran nuevamente elevados y donde se le diese un trato digno a todos aquellos que ejercieren la profesión docente. Aurelio se convirtió en ese momento en el líder de planificación curricular. Nuevos cambios educativos se avecinaban. Esta vez grandes naciones en materia educativa como Finlandia, Noruega, Japón, China y Corea del Sur serian los modelos a seguir.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Mi experiencia estudiantil en la UNEG

Por: Daniel Alejandro Escobar Celis

Me gradué de Tecnólogo Industrial en noviembre del 2007 y de Ingeniero Industrial un 14 de noviembre del 2009, me inscribí en la UNEG (Universidad Nacional Experimental de Guayana ) un 29 de septiembre del año 2003 luego de ser asignado por el CNU en la carrera de Tecnólogo en Procesos Industriales. El mismo día de la inscripción la encargada de recepción de las planillas en control de estudio me informo que dicha universidad no dictaba esa carrera como tal, sino que daban era Ingeniería Industrial. En ese momento pensé. Bueno mejor, en ves de estudiar para ser TSU, estudiare para ser ingeniero.
No fui muy sociable durante el liceo, y a decir verdad prácticamente no salía de mi casa. Fue apenas al entrar a la Universidad cuando poco a poco ese tipo de cosas fueron cambiando. Haciéndome un poco más sociable y saliendo de cuando en cuando. Una mala costumbre que había adquirido con el pasar de los años durante el liceo (en especial los últimos años) fue la de estudiar muy poco antes de las evaluaciones. De hecho en la mayoría de las ocasiones presentaba solo con lo que veía en clases o lo que estudiaba el día anterior, incluso minutos antes de la evaluación. En el liceo esa mala costumbre se había arraigado sobre todo en los últimos años debido a que me había dado resultado. Sin llegar a ser un extraordinario estudiante, mis calificaciones durante el liceo no fueron malas. Quise aplicar esa mala costumbre en universidad con resultados bastante negativos. Eso se evidencio en especial con mis notas binarias en mis dos primeros exámenes de Matemática I. Entonces comprendí que ya no estaba en el liceo y que ahora debía adaptarme al cambio. ¡Ahora si tenía que estudiar en serio!
Antes de entrar en la universidad solía acostarme temprano antes de las diez incluso a las ocho o nueve de la noche. Eso cambio luego de entrar a la universidad sobre todo cuando en el segundo y tercer semestre inscribí materias en la noche. Para ese entonces salía de clases después de las ocho o de las nueve y llegaba a mi casa después de las nueve o de las diez. Luego de comer bañarme y terminar de arreglar todo para el día siguiente terminaba acostándome después de las once. Eso sin contar los muchos días que me quedaba estudiando hasta altas horas. Desde ese entonces me habitué tanto a acostarme tarde que aun hoy en día me cuesta hacerlo antes de las once o incluso media noche.
Recuerdo que me levantaba temprano en la mañana a esperar el transporte para la universidad que pasaba habitualmente entre las seis y diez y las seis y media de la mañana. En un principio me montaba en alguno de los transportes 1S, 2S o 7S pero al final termine por montarme siempre en el 1S en primer lugar porque era el que pasaba mas cerca de mi casa y en segundo lugar los otros dos transportes me dejaban muy a menudo. Cuando comencé a utilizar el transporte 1S este iniciaba su ruta en Inés Romero, 25 de Marzo, bajaba por la Manuel piar, las residencias Orinoco, luego pasaba por el centro de San Félix, el Roble por fuera para finalmente tomar la Avenida Guayana hasta la universidad, en ese tiempo yo podía elegir libremente un lugar donde sentarme. Incluso en varias oportunidades quedaban asientos vacios. Algo que con el tiempo fue cambiando al punto  que tenia que caminar varias cuadras para montarme en el transporte una o dos paradas antes con la esperanza de poder encontrar un lugar donde sentarme. Finalmente después de varios semestres debido a la sobrepoblación en el transporte 1S se vieron en la necesidad de dividir la ruta: El 1S no volvería a pasar ni por el centro de San Félix ni mucho menos por el Roble por Fuera, en vez de eso tomaría la Avenida Guayana justo en la casa de la mujer; mientras que el transporte 7S seria el encargado de pasar por el centro de San Félix y por el Roble por Fuera. En la actualidad la población estudiantil a crecido aun mas y el transporte 1S que pasa a solo una cuadra de mi casa lo veo pasar ocasionalmente cuando voy al trabajo en la mañana totalmente lleno tal cual como los directos que van a Alta Vista con estudiantes que tienen que agarrarse en la puerta para poder ir montados en él. Las pocas veces que e ido a la UNEG en los últimos tiempos he tenido que ir en la puerta pues solo pensar en sentarse en aquel transporte en la parte de la ruta donde yo me monto es una utopía (ya a estas alturas de sinceridad deberían ir pensando en dividir la ruta o mas bien en asignar dos transportes). En efecto a veces he preferido irme en el transporte de la UNEXPO aunque pase más temprano y tenga que caminar todo el trayecto. La única manera que piense en montarme en el transporte de la UNEG es que tenga que ir al Atlántico (o como algunos le dicen Ciudad Perdida).
De la UNEG Puedo hablar especialmente de la sede de Villa Asia ya que en ella estudie desde el 2003-II hasta el 2008-II (cuando vi mis últimas materias). Mi primera impresión de esa sede fue que más que una universidad parecía un colegio o escuela. Aunque por supuesto con el tiempo termino convirtiéndose en parte especial de mi vida. En cuanto al Atlántico como infraestructura siempre me pareció más acorde para una universidad. De esta última no tengo tantas experiencias como de Villa Asia pues iba en promedio menos de diez veces por semestre y solo recuerdo haber cursado una asignatura en ella. En contra parte de la sede de Villa Asia donde algunos compañeros bromeaban diciendo que una vez muerto saldría como espanto porque incluso cuando no tenia clases se me podía ver deambulando desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche.
Durante mi estadía en la UNEG reconozco que se hicieron  varios cambios desde que ingrese a la universidad y que también se han hecho otros más después de egresar. Uno de los primeros cambios que recuerdo fue en el comedor. Cuando estaba en el primer semestre recuerdo que la cola del comedor iniciaba desde la puerta trasera que apunta hacia la avenida; en ese entonces existía una baranda que comenzaba en aquella puerta recorría toda la pared a lo largo de la cancha hasta llegar al pasillo que da a las primeras aulas numeradas. El comedor se veía algo deteriorado. No recuerdo si había o no aire acondicionado tendría que preguntarle a alguno de mis ex compañeros. Pero si se que los mesones eran viejos y grandes donde se podían sentar hasta 4 personas por banco y que el techo se veía bastante deteriorado. Estando en los primeros semestres comenzaron con la remodelación del comedor. Obviamente durante ese tiempo estaba cerrado. Hicieron varios cambios: repararon el techo, cambiaron las ventanas, quitaron la baranda por donde uno hacia la cola (mas adelante al reinaugurarlo se comenzó a hacer la cola del comedor desde la parte frontal que da a los pasillos) y si no me equivoco fue cuando colocaron los Split. En fin hicieron varios cambios importantes en el comedor. Durante ese par de semestres que duro la remodelación se entregaba viandas de comida a los estudiantes durante el almuerzo. En ese entonces todas las aulas quedaban abiertas al mediodía y nosotros nos metíamos a alguna de ellas a comer. El problema fue que muchos estudiantes desconsiderados dejaban tiradas las bandejas de comida e incluso terminaban por hacer regueros en los salones,  por supuesto esto no le gusto nada a los encargados de limpieza los cuales comenzaron a quejarse. Producto de eso comenzaron a cerrar los salones al mediodía. Desde ese momento si querías hablar, comer o lo que sea ya no podías entrar a un salón como antes. Pudiese parecer una tontería pero yo siempre luego de almorzar elegía un salón acomodaba algunas sillas y me acostaba unos veinte o treinta minutos. Desde que cerraron las aulas ya no podía hacer más eso. Las únicas aulas que quedaban abiertas eran aquellas cedidas a grupos de jóvenes evangélicos que hacían sus cultos de oración en esos momentos. Así que aprovechaba la situación y mientras ellos oraban yo me acostaba en las sillas. Sé que siempre se me quedaban viendo pero no les prestaba atención.
Otros de los cambios físicos de la sede que recuerdo son: el techado de la cancha, la creación del laboratorio de ciencia de los materiales (que nunca llegue a utilizar) y el reacondicionamiento del laboratorio de informática. Con respecto a ese punto recuerdo que tenían computadoras viejas y obsoletas. También durante mis estudios en la UNEG pasamos de ver algunas clases con retroproyectores a ver clases con video been, varios reacondicionamientos de los baños en especial los cercanos al laboratorio de química, el cierre de los baños cercanos al comedor, entre otros. Pero de momento eso es lo que recuerdo. También ya casi saliendo de la universidad recuerdo un grupo de compañeros de la carrera que como proyecto de servicio comunitario hicieron las mesas de concreto que se pueden ver hoy en la entrada de la sede y en la parte posterior donde esta procesos productivos. Realmente no recuerdo si hicieron otras más. Otros importantes cambios que vi hacerse durante mi estadía en la UNEG pero ya no de tipo físico fueron varios realizados en especial durante el proceso de inscripción, cuando yo ingrese a la universidad las inscripciones se realizaban en la cede del atlántico se colocaba toda una serie de listados por carreras y por niveles desde el nivel diez hasta el nivel cero cada una de las listas eran ordenadas de acuerdo a las notas obtenidas en el semestre anterior. Ese sistema siempre me pareció de los más justo aunque hay que reconocer que era engorroso en especial para los profesores que tenían que estar encargados de inscribirnos. Mas adelante se implemento el sistema SASE y se comenzaron a realizar las inscripciones por internet. Aun recuerdo todos los dolores de cabeza que le daban a uno al tratar de entrar a la página la hora asignada para las inscripciones debido a que esta siempre vivía colapsada. Yo era uno de los que intentaban ingresar varios minutos antes de la hora que me tocaba y le daba a actualizar a cada rato hasta que al fin la página lograba abrir y me podía inscribir. Lo que me parecía injusto de este sistema es que conocí a muchos excelentes estudiantes que debido al colapso de la página no podían inscribirse y después tenían que pasar por todo un martirio para poder adicionar un par de materias.
Otro cambio que recuerdo durante mi pase por la UNEG fue con respecto a los transportes, ya mencione que la ruta en la que me iba a la universidad la dividieron pero también es cierto que se crearon un par de rutas más. Por otra parte recuerdo que el transporte lo agarrábamos fuera de la universidad frente a la escuela que queda diagonal a la sede de Villa Asia. A lo largo de una de las aceras se colocaban en orden los transportes de San Félix y a lo largo de la otra acera aledaña a la escuela se colocaban los de Puerto Ordaz que siempre salían primero. Más adelante estando yo aun en la universidad se habilito el estacionamiento que queda en villa Asia al lado del comedor para que salieran los transportes. Otro de los cambios que recuerdo fue cuando comenzaron a repartir las cenas a eso de las seis o siete de la noche en el comedor. Sin contar los mil y un intentos que hicieron con los tickets del comedor para tratar que uno no se coleara y respetara su cola. Bueno lo admito yo era uno de los que vivía coleándose en los primeros semestres. Aunque no importaba que tanto me coleara siempre había alguien que se coleaba antes que yo. Con el pasar del tiempo deje de hacerlo. No sé si fue porque fui madurando o por las veces que me dejaron sin almuerzo o qué, pero así fue.
Académicamente entre las cosas que mas recuerdo están dos frases que el profesor que me dio informática decía habitualmente, una de ellas lo hacia cuando uno le enseñaba un ejercicio y este tenia algún detalle o error, “piénsalo mejor”, la otra era cuando uno se trancaba en un ejercicio el solía decirnos: “¿Tu viste The Matrix?... que le dijo Morfeo a Neo… libera tu mente”, ese par de frases me hacían molestar mucho y aunque parezca ser maldad o comodidad para no explicar en lo personal me ayudaron debido a que gracias a eso me esforzaba mas y mas no importando cuantas horas o días me llevara en realizar los programas, cuando finalmente lograba hacerlos que se los enseñaba y el me decía que pasara a la pizarra sentía una gran satisfacción. Como todo hubo cosas buenas y malas, excelentes profesores y profesores no tan buenos, profesores que me enseñaron a pensar, que me inculcaron el amor a sus materias, profesores en los cuales podía ver el brillo en sus ojos cuando veía algún ejercicio algo complejo sobre el cual uno les iba a preguntar, profesores que nos enseñaron la pasión por la enseñanza, la disciplina, el valor de esforzarse y la satisfacción luego de alcanzar alguna meta, aunque también había profesores fantasma que uno solo veía un par de veces en el semestre, y peor aun profesores que aunque fueran todos los días uno nunca les entendía algo y si uno llegaba a preguntar lo mandaban a leer del libro (Siempre deteste ese tipo de profesores).
Estas son solo algunas de las anécdotas y algunos de los recuerdos que tengo durante mi tiempo estudiando Ingeniería Industrial en la UNEG de Villa Asia. Todo esto durante mis once semestres y tres intensivos en la UNEG que incluyen el primer semestre el cual reprobé por enfermarme con dengue y no retirarlo, además de un semestre en el que para no cursar solo el trabajo de grado inscribí un par de asignaturas electivas extras (se puede decir que realmente la carrera la curse en nueve semestres y tres intensivos). De mi paso por la UNEG tengo muchos recuerdos de todo tipo. Después de todo fue mi segundo hogar durante seis años, pasando en muchas oportunidades más tiempo en ella que en mi propio hogar.
De manera general puedo decir que entre lo que me dejo mi paso por la UNEG en el plano personal está el hecho de pasar de ser alguien totalmente asocial que prácticamente no trataba a nadie a uno que aprendió al menos en parte a relacionarse y a tratar a otras personas, aunque admito que sigo siendo algo asocial. En la UNEG aprendí a perder mi miedo escénico así como a exponer. Bueno lo admito tarde más de seis semestres en aprender a realizar una exposición más o menos decente. Pero funciono después de todo en mi exposición de trabajo de grado me felicitaron principalmente por mi seguridad al hablar, además ya llevo varios años dando clases en otros institutos universitarios. Lamentablemente he desistido de seguir intentado dar clases en mi querida UNEG ya que me han rebotado varias veces.  Primero por no ser Licenciado en Matemática y luego al hecho de que me quedara matemática I en el primer semestre. Fue en la UNEG donde conocí y me uní al CEEUNEG (Centro de Excursionismo Ecológico de la UNEG) gracias a este centro conocí y he viajado varias veces a la Gran Sabana y a otros lugares, además el centro me ayudo especialmente en el ámbito de las relaciones personales, del desenvolvimiento al momento de hablarle a turistas, desarrollo de la paciencia al atender a personas, perdida del miedo escénico entre otras cosas. Aunque mi memoria no de para recordar todo el tipo de experiencias pasadas en la universidad puedo decir que fueron muy buenos momentos en la que siempre he considerado como mi segundo hogar: en él reí, llore, pase buenos y malos momentos, desayune, almorcé, cene, me bañe un par de veces y estuve de una u otra forma a casi cualquier hora, incluyendo las veces que salimos de madrugada para la gran sabana.
Después de graduarme en la UNEG han hecho aun más cambios entre los cuales he visto: la creación de rampas aledañas a las escaleras alrededor de toda la cede, la creación de un laboratorio de dibujo técnico computarizado, la ampliación de la biblioteca con la creación de algunos salones de estudio justo en donde estaba un pasillo en el cual nos solíamos sentar a descansar o estudiar y la instalación de mesas para poner el video been en las aulas.
De cuando en cuando voy a la universidad aunque sea a saludar y a conversar con algunos de mis ex profesores y profesoras. En especial los de procesos productivos y algunos del área de matemática. En fin no sabría bien como describir todas mi experiencias en la UNEG solo puedo decir que siempre la recuerdo y recordare como mucho cariño como mi segundo hogar y porque no aun sigo deseando algún día poder dar clases en ella aunque sea por un par de años.


Ciudad Guayana Agosto 2015